La Aberracion de Educacion Ciudadana.
Manuales de Educación para la Ciudadanía defienden la dictadura castrista, la poligamia como modelo de familia o incluyen un video sobre lesbianismo titulado “Follando Amal”, como material didáctico
Las editoriales Octaedro y Akal, han publicado dos libros de texto para impartir el programa de Educación para la Ciudadania con unos contenidos y exposiciones claramente desafiantes contra los valores cristianos y situados políticamente en la ultraizquierda.
La editorial Octaedro pone su acento en su peculiar moral sexual. En este libro para alumnos de 14 años hay fotos de preservativos promocionando la práctica de sexo seguro y se propone visionar una película sobre una adolescente lesbiana “Fucking Amal”, es decir “Follando Amal” en su traducción al español, para tratar el tema de la homosexualidad. También dedica en sus unidades didácticas un apartado a la familia poligámica, perfectamente aceptable conforme a las reglas del multiculturalismo. Los autores llegan a incluir a los comunistas entre las personas perseguidas durante el siglo XX, sin hacer la más mínima mención a los regimenes genocidas de la URSS, Camboya, Corea del Norte, China etc. Se ataca a la Iglesia por su condena a las prácticas homosexuales y se la hace responsable de la represión de los gais, “tan perseguidos y estigmatizados como los judíos, los comunistas o las personas de razas no blancas” (sic), dice literalmente el texto. Varios comentarios ponen en entredicho la labor de la Iglesia a lo largo del texto, descalificando especialmente su labor social, a la par que se apunta que la religión “pierde poder social”.
En el otro libro, el de la editorial Akal, se hace apología del marxismo. Una ideología profundamente antidemocrática y en teoría completamente contraria a los postulados de la supuesta Educación para la Ciudadanía. Se llega al extremo de ensalzar la dictadura castrista con frases como “la historia de la democracia está contrayendo con Cuba una deuda impagable”. Incluso se llega a atacar veladamente a nuestro sistema constitucional con comentarios como que en España se han aplicado procedimientos “bastante pintorescos para poder tener un rey y un ordenamiento constitucional al mismo tiempo”. El manual de Akal también condena sin ambages el capitalismo, que es “como un tren sin frenos que camina hacia el abismo”.
Peces Barba considera que la Iglesia es un castigo
Pese a tan “edificantes” contenidos, Gregorio Peces-Barba ha afirmado, en los cursos de verano de la Universidad Complutense de Madrid, que no hay un motivo real para oponerse a la asignatura Educación para la Ciudadanía.
El ex rector de la Universidad Carlos III y Alto Comisionado para las victimas del terrorismo, sostuvo que ‘en este país’ hay una ‘excesiva presencia de la Iglesia católica’ y afirmó que el problema procede de la confusión entre la ética pública y la privada, por lo que destacó la ‘necesidad’ de implantar esta asignatura. En opinión de Gregorio Peces-Barba, los países europeos ‘más castigados’ por su vinculación con la religión católica son España e Italia, y señaló que una de las ‘patologías’ específicas de la Iglesia española es ‘querer convertir la ética pública en privada’, e indicó que la solución la proporciona ‘una sociedad democrática’.
En su conferencia ‘Derechos humanos y ciudadanía democrática, un proyecto cívico para la España del siglo XXI’ afirmó que los sectores educativos católicos no se oponen a la nueva asignatura ‘porque tienen conciencia de que es algo bueno’, y agregó que las conductas extremas de ciertas personas que se oponen responden a una ‘mentalidad simple’.
Libano, otro “accidente”
Seis soldados del ejército español han muerto en el Líbano. Habían optado por la noble profesión militar, a sabiendas de que ello les podía costar la vida. Han cumplido con su deber, obedeciendo disciplinadamente a su gobierno. La Plataforma Civico Radical se conduele hoy con sus familias.
No es verdad que el ejército constituya una ong dedicada a distribuir margaritas y talante. Sus funciones son la disuasión y la guerra. Y es a una guerra a la que les han enviado. Esto es lo que ha querido ocultar Rodríguez Zapatero para seguir manteniendo su embustero discurso pacifista. Hoy pretende engañar de nuevo a los españoles hablando de atentados terroristas contra una “misión humanitaria”, como cuanto presentó como “accidente” el ataque al helicóptero en el que otros 17 soldados españoles perdieron la vida en Afganistán.
Se ha destacado que nuestros soldados carecían de medio de protección adecuados. El ministro de Defensa ha reconocido que los blindados de nuestras tropas en El Líbano no tenían inhibidores de frecuencia, necesarios para neutralizar la activación de explosivos a distancia. Pero lo más grave no es la ausencia de esos inhibidores. Es la omnipresencia de inhibidores de la verdad que caracteriza al gobierno de Rodríguez Zapatero. ¿Hasta cuando vamos a soportar su siniestra demagogia? A todas horas nos abruma con sus “ansias infinitas de paz”, mientras que en el interior ha dado cobertura al rearme etarra y, en el exterior, multiplica la presencia de nuestras tropas en Afganistán, El Líbano, Bosnia y Kosovo con el tocomocho del humanitarismo. Sin olvidar la guardia pretoriana que se ha montado, con el pretexto de las “emergencias”, temeroso de que un día el pueblo español quiera ajustar cuentas.
El PP, por su parte, reconoce que en El Líbano estamos en un escenario de guerra. Pero aplaude abiertamente nuestra presencia en esa guerra. Según Rajoy, España debe contribuir a “llevar la paz, la libertad y la democracia a todos los rincones del planeta”. Es decir, España debe ser una marioneta de la guerra desencadenada a escala cada vez más amplia por el imperialismo yanqui-sionista, y apoyada a trompicones por las potencias de la Unión Europea. Zapatero piensa y hace exactamente lo mismo. Pero se niega hipócritamente a reconocerlo, pues para él la única guerra en la que hemos intervenido ha sido la de Iraq que apoyó Aznar.
Ni las “misiones de paz” de Zapatero, ni las fiebres bélicas de Rajoy, todas ellas bendecidas por La Zarzuela, convienen a los intereses nacionales de España. ¿Para qué estamos hoy en El Líbano? Es muy claro. Como ha dicho la primera ministra alemana, “estamos para proteger a Israel”. Estamos para impedir ataques de Hezbulá que, al desencadenar la correspondiente racción hebrea, podrían provocar la intervención de Irán o Siria. ¿Se trata de una labor de “interposición humanitaria”? Es una misión inhumana, pues protege el “derecho” del “pueblo elegido” a seguir ocupando una tierra que no le pertenece, con la Biblia como único título de propiedad. ¿Significa esto un apoyo al fundamentalismo islámico que parasita la desesperación palestina? En absoluto: no tenemos porque elegir entre el racismo sionista y los matarifes de la yijad. Somos europeos racionales. Las guerras entre delirantes y sanguinarios fanatismos brotados de los desiertos, no son nuestras guerras.
Entretanto, el tirano alahuí contempla con fruición como España se deshilacha, brindándole la ocasión de nuevas “marchas verdes” sobre Ceuta, Melilla y, si cabe, Canarias. Ésta es la perspectiva real que puede imponer una justa respuesta bélica por parte de España. Una respuesta para la que debiéramos prepararnos, en lugar de cubrir de zalemas al sátrapa marroquí.
Por lo tanto:
*Honores y reconocimientos de soldados caídos en acción de guerra a los seis jóvenes que han perecido en El Líbano.
*Dignificación y nacionalización de nuestras fuerzas armadas: ¡no deben ser lastimosas ONGs, ni tropas auxiliares de intereses ajenos a España!
Europa tiene miedo
Afirmar que el islam debe considerarse un patrimonio europeo es producto del terror (además de resultado de la ignorancia, por supuesto). Posiblemente, al Dalai Lama le importará poco si el budismo es considerado europeo o no. Precedentes helenos, haylos, pero de tal exotismo y tan lejanos, y tan adscritos paulatinamente a las relaciones con los pueblos asiáticos, que un deseo así le hubiera producido vergüenza ajena. Pero con el islam no ocurre eso. Y Europa, mostrando su miedo, se ofrece al enemigo bajo los oropeles de la sonrisa. Porque en una contienda puede producirse la victoria, la derrota gloriosa en la inmolación o el pacto desesperado en provecho de la vida. Pero Europa no se encuentra en ninguna de estas situaciones. Entonces, ¿por qué ese anhelo de entregarse para ser despedazada, finiquitada, extinguida, liquidada? Cuando se crea una brecha, su engrandecimiento es cuestión de espera. Aquí, está abierta: no definir los límites y la esencia de Europa, con la doble referencia fundacional a la Antigüedad clásica y el cristianismo, en nuestra primera Constitución, no fue un error, sino una táctica de los eurócratas: el pragmatismo huero que, a la postre, da cabida a cuanto viene a borrarnos del diccionario de los contenidos para convertirnos en una carcasa vacía cuyos fines e historia puedan ser llenados a gusto del extorsionador.
¿Cuán sonora sería la carcajada si algún estadista escribiera en un periódico estadounidense, todo serio él e imbuido de un halo profético: “El cristianismo debería considerarse una religión indígena americana”? ¿Y si alguien, desde una tribuna política, asegurara engolando la voz: “El alemán es una lengua tan africana como el zulú o el suahili”? Serían, a todas luces, muestras que caerían en la ridiculez de quien las pudiere pensar y no sabríamos a qué atenernos sobre su posible objetivo. Cabrían dos posibilidades: son pronunciadas por el mismo grupo al que afectan, que ha hecho su examen y ha constatado una realidad propia, o son una especie de escudo protector porque, en el fondo, se sabe que jamás una aseveración así podrá ser cierta. Voy a ser más simple: o se ha producido la extinción de una cultura (todos los indígenas americanos son cristianos) o se tiene miedo de no formar parte de un grupo mayor al ser consciente de pertenecer a una minoría y alógena (la lengua alemana en Namibia). Sin embargo, nos encontramos con que políticos europeos van diciendo por ahí que el islam debería considerarse una religión europea, y nadie se ríe ni llora. El ridículo de José Manuel Barroso o Wolfgang Schüssel, lo lamentable de las declaraciones de Enrique Barón con su novela y la estúpida presentación de José Luis Moratinos, no caen ni en la constatación del fin ni en la autodefensa.
La inconsciencia de los políticos de izquierda y sus secuaces ha llegado hasta la esquizofrenia de ir pregonando a sus ciudadanos que su cultura es intercambiable, y todas valen tanto o más que ella. Haría falta saber si esta sociedad va a seguir existiendo o si el virus del miedo y del desprecio está definitivamente inoculado. Resta la esperanza de que cuando a un colectivo lo sitúan ante la disyuntiva de “tú o los otros”, la elección está clara.
Pero no es bueno que se extienda la sensación de que Europa es la no-nación de la no-cultura de las no-lenguas del no-pueblo. En cierto modo, es estar realizando ahora el salto mortal último: ofrendarnos libremente a quien quiera destrozarnos, suplicar la sustitución cultural y nuestro exterminio por agotamiento. A fin de cuentas, no nos hallaríamos muy lejos de la estrategia del escorpión, que se suicida cuando se ve rodeado por el fuego. Y Francia ya ardió, no lo olvidemos, y además desde dentro.
http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=483
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