Plataforma Civico Radical

Politica Ciudadana

El Radicalismo Civico

Es evidente la crisis del Estado de bienestar así como las falacias teóricas y operativas del neoliberalismo. Dicho de otro modo, todos somos conscientes de que algo no funciona en las democracias occidentales. Por este motivo,  La Plataforma Cívico Radical ha querido profundizar en nuevas vias políticas y regeneradoras de la sociedad actual  que impliquen una nueva concepción de la representatividad ciudadana en los organos rectores del estado lo cual implica un nuevo modo de pensar y de comportarse; frente a la desidia caracteristica de esta sociedad.Entiendo por  “Civismo Radical”  la actitud que fomenta la responsabilidad de las personas y las comunidades ciudadanas en la orientación y el desarrollo de la vida política. Postura que equivale a potenciar las virtudes sociales como referente radical de todo incremento cualitativo de la dinámica pública. Devolver el protagonismo de la vida política a sus más legítimos y calificados hacedores, constituye el núcleo conceptual del radicalismo cívico. Es que la necesidad imperiosa de adoptar tal actitud “política” sólo se esclarece, si se la contrapone al tipo de comportamiento cívico gestado al amparo del proyecto moderno y que ha hecho eclosión en el “siglo breve”. Se trata de un ideal y de una praxis política que prescinde del “mundo vital”, es decir, de los hombres y mujeres que deben ser los protagonistas activos y responsables de los asuntos de la polis.Tres elementos estructurales del llamado “tecnosistema”, el Estado, el mercado y los medios de comunicación social, han ido desplazando poco a poco lo humano para dar paso aestructuras anónimas que conforman el entramado frío de una sociedad burocrática y sistémica. El “tecnosistema” se caracteriza, pues, por su visible desconfianza respecto de la capacidad de los ciudadanos para intervenir acertadamente en las decisiones públicas, coartando así el más genuino sentido de la libertad democrática.Contra este modo de no hacer vida política se levanta, pues, radicalismo cívico apoyándose en las siguientes premisas:

  • Recuperar el papel personal e innovador de cada miembro de la ciudadanía en la vida política.
  • En este sentido, el radicalismo cívico se caracteriza por una clara defensa de la dignidad de la persona, uno de cuyos correlatos lo constituye el respeto de sus libres iniciativas, también, sin duda, en la esfera pública.
  • Precisamente el radicalismo cívico reconoce a la esfera pública todo su valor como espacio privilegiado para el desarrollo de la libertad social y consiguiente baluarte contra ingerencias indebidas de parte de aquellos “tres poderes” mencionados.

Así el radicalismo cívico es una noción densa en contenido –se llamaría poliédrica- y sumamente rica en presupuestos filosóficos y posibilidades tanto de análisis como de ejecución. Por eso, intentaremos destacar algo así como elementos clave que configuran su entramado doctrinal. Mundo VitalEs el “mundo vital”, el mundo real configurado a fuerza de, tantas veces, dura cotidianeidad por las personas y comunidades. El lugar decisivo del radicalismo cívico, lo constituye, por eso, el plano cultural y social; ese entramado prepolítico y preeconómico donde los ciudadanos “conviven”, y están (son) “próximos”.Lamentablemente, hoy nos cuesta mucho reconocer el rostro de ese “mundo próximo”; demasiado acostumbrados estamos a que las mejores iniciativas ciudadanas queden sofocadas, debido al desbordamiento del aparato estatal. La colonización de los mundos vitales por parte del Estado, el mercado y los medios de comunicación social. Tal incursión ilegítima en nuestros terrenos vitales se ha visto favorecida, a su vez, por el resecamiento de las energías cívicas causado por “el debilitamiento de la enseñanza, la implosión de la familia y el acotamiento de la ética al recinto privado”7. Se produce así una circularidad: ante el avance implacable de esos tres componentes tecnoestructurales, el individuo se ha ido replegando sobre sí mismo una vez que se lo ha declarado de hecho incompetente para los asuntos públicos; pero ese “encapsulamiento afectivo”, alienta, por su parte, mayores y más decisivas incursiones del tecnosistema en ámbitos que le están, por derecho, vedados.Este círculo es el que se propone romper el radicalismo cívico. ¿Cómo? A través de la desborucratización y desmercantilización del modelo social tecnocrático, única salida para soltar ese cúmulo de recursos intelectuales y volitivos que late en la ciudadanía.No cabe duda, que esta propuesta sólo puede realizarse a largo plazo. Porque lo que se propone no es la solución simplista y, por lo demás ineficaz, de equilibrar, limitando, la intervención social de Estado, mercado y medios de comunicación masiva. No: es mucho más alto el vuelo del radicalismo cívico. La suya quiere ser una respuesta definitivamente más radical a un problema, también, muy hondo, ya que encontramos las raíces de la crisis social que vivimos en una crisis mucho más amplia y profunda:una crisis de humanismo o crisis de sentido. Esta crisis, por su parte, es el saldo de un modo de pensar y de actuar que fracasó: se trata del modelo epistemológico y antropológico diseñado por la modernidad.Se entiende, ahora, que un modo de pensar y de actuar sólo puede quedar erradicado gracias a la implantación de “otro modo de pensar y comportarse”, precisamente eso es el radicalismo cívico.Se puede denominar el modo de pensar que está en la base del radicalismo cívico como constitutivamente metafísico, o lo que es lo mismo “un realismo sin empirismo”. El rigor científico así como el alcance universal de esta propuesta están cimentados sobre la recuperación de la razón metafísica. Hecho que implica, a su vez, el retorno al paradigma de la verdad, largamente sustituido por el moderno paradigma de la certeza. “Una palabra de verdad, un propósito de solidaridad, un vislumbre de belleza, poseen una fuerza que puede llegar a ser incontenible si aciertan a pulsar esa nota esencial que encuentra ecos insospechados en las aspiraciones profundas de tantos hombres”.Precisamente esos destellos de verdad, bondad y belleza resplandecen, y le confieren la fuerza innovadora de un modo de pensar que no se resigna a pactar con el letargo conformista de una sociedad vacía y vaciada de sentido. La novedad de esta sugerente propuesta radica, precisamente en su contenido y en su alcance honda y genuinamente humano. Se puede afirmar que la invitación del radicalismo cívico se resume así: “¡Volvamos a la persona!”; es decir, redescubramos su valor sagrado y desde él retomemos el verdadero significado de todas las realidades humanas–sociales, culturales, políticas-; realidades que sólo a la luz del “hombre esencial” reciben plenitud y sentido. Este escrito es una primera presentación de una interesantísima y fecunda propuesta filosófico-política: del radicalismo cívico.

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mayo 16, 2007 - Posted by | EDITORIAL

1 comentario »

  1. Esperemos que este blog no se convierta en otro muladar.

    Comentario por longinos | mayo 16, 2007


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