Plataforma Civico Radical

Politica Ciudadana

La Izquierda o la Depredacion Social.

El último libro de nuestro colaborador aborda la necesidad de liberar a la sociedad, sobre todo, de la clase política parasitaria y sus tentáculos “culturales”..

El argumento último, del que el resto son corolarios, con el que el socialismo justifica el hurto legal, al que con presteza se suman las formaciones conservadoras, adoradoras por instinto del Estado, es la redistribución de la riqueza. Se dice incluso, con la arrogancia y la estupidez del depravado, que el capitalismo –como denominaron ellos a la sociedad abierta, generada por las clases medias- ha demostrado su capacidad para generar riqueza pero no para redistribuirla, como si esto último fuera algún tipo de mandamiento o de objetivo legítimo. Al parecer, ésa es la misión que ellos se arrogan: quitarle a unos para dárselo a otros, cumpliendo ellos la grata función de intermediarios del proceso, de forma que, sin generar riqueza alguna, se muestran dispuestos y capaces para redistribuírsela en su propio beneficio. El que parte y reparte, se lleva la mejor parte. El dinero nunca llega a los pobres, mas alimenta a los burócratas del humanitarismo. Las soluciones nunca llegan, mas siempre es preciso destinar un mayor volumen de fondos estatales. Mientras tanto, corrompen a más gente prometiéndoles participar en el festín a costa de los laboriosos. Es el parasitismo creciente que amenaza con arruinar nuestras sociedades y, para ello, al tiempo, las denigra y establece continuas dudas sobre su justicia y su moralidad.

Lo que es inmoral e injusto es el concepto mismo de la redistribución de la riqueza, así como sus consecuencias parasitarias. No es otra cosa que la reclamación a los más bajos instintos y a las más abyectas pasiones. Sublimación de la envidia malsana. Da por supuesto que quien más trabaja, más produce y más gana comete una injusticia sobre los demás y debe ser penalizado, detrayéndosele una parte sustancial de su esfuerzo, con el objetivo indirecto de proletarizar a las clases medias. Lejos de incentivar el esfuerzo, se desincentiva, e incluso se extiende sobre él una negra sospecha. De fondo, subyace ese mito igualitario del totalitarismo comunista que ha llenado el planeta de fosas comunes y ha arruinado a sociedades enteras.

Esta mentalidad del ladrón ocioso ha tomado carta de naturaleza en nuestras democracias. Ha extendido el servilismo con el que se trata a los parásitos fiscales a la espera de que pueda tocarles algo en el reparto. El proceso expoliador se acompaña de dosis constantes de violencia, de modo que abundan las manifestaciones y algaradas cuyo único objetivo es exigir la participación en la depredación, en forma de injustas prebendas denominadas subvenciones. La ética del trabajo va siendo sustituida por la de la expoliación. Frente a las virtudes de la primera, sobreabunda el cinismo de la segunda. El expoliador es un redistribuidor. Es la redistribución la que es intrínsecamente injusta, pues el laborioso merece reconocimiento y seguridad jurídica en sus bienes.

Las sociedades atenazadas por la tupida red de argucias, componendas y justificaciones del hurto legal decaen con toda seguridad. Las gentes se acostumbran a esperar del Estado providente los bienes del cuerno de la abundancia, sin caer en mentes de que todo es una trampa para que los parásitos fiscales engorden sin esfuerzo, sin someterse en su trabajo a la libre decisión de sus conciudadanos, para quitarles a éstos la soberanía de consumidores, situándoles como seres malvados a los que es preciso someter a continuos peajes.

Los parásitos fiscales muestran especial empeño en corromper con sus diatribas a la juventud. De ahí la especial insistencia, la fuerza desplegada para mantener intacto y en expansión el totalitarismo educativo. A pesar de que el Estado ha abandonado las zonas rurales, y obliga a los niños a recorrer largas distancias en transporte escolar, se empeñan en afirmar que la iniciativa privada sería incapaz de atender a todas las necesidades, cuando lo demuestra cada día en los sectores donde las restricciones del Estado confiscatorio están más relajadas. Utilizan, como chamanes del pensamiento, el tabú para silenciar los argumentos de sus contradictores, recurriendo frecuentemente a la descalificación personal, sin argumentar sus anatemas, con la misma desfachatez con que el ladrón diaboliza a su víctima, aquí con el agravante de que se considera respaldado por leyes perversas y confiscatorias. Silencia el cheque escolar o cualquier otra fórmula liberalizadora, para poder mantener secuestradas a las nuevas generaciones, pervirtiendo sus almas con sus criterios inmorales. Pretende convencerles que sin los desvelos de los parásitos fiscales, ellos no recibirían instrucción alguna. Y para ello tolera un resto de margen para la responsabilidad privada, privilegio de la élite adinerada, de forma que el agravio sea manifiesto, mientras sueña con el monopolio completo.

Desactivan todo principio de emulación y de respeto hacia los padres más responsables e instalan en el ánimo de los jóvenes que sólo los parásitos fiscales velan por ellos y pueden darles, en el futuro, un sitio en el festín depredador. Abundan los programas electorales del socialismo expoliador en vanas promesas a los ciudadanos de menor edad con las que les prometen su entrada en Jauja, convenciéndoles de quimeras como la cultura de lo gratis, de forma que, sin trabajo, mediante la redistribución de la riqueza, mediante el hurto legal, el Estado podrá subvenir y satisfacer sus necesidades: viviendas gratis, ordenadores gratis e incluso sueldos por el mero hecho de ser jóvenes o de no hacer nada.

Los parásitos fiscales buscan, y con frecuencia consiguen, perpetuar su status y pervertir el idealismo de la juventud, desactivando su fuerza vital y su disposición para cambiar las cosas. Les convierten en viejos prematuros y acomodados, en cínicos, bien dispuestos a expoliar a los miembros más activos de la sociedad, aunque, con frecuencia, tan infausta y abyecta esperanza se vea frustrada, por las escasas plazas libres dejadas por los depredadores, dado el carácter vitalicio del que se han dotado.

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julio 16, 2007 - Posted by | COLABORACIONES

3 comentarios »

  1. No es mas que la igualitaria distribución de la miseria

    saludos

    Comentario por fernando | julio 19, 2007

  2. Es bajar al pueblo al nivel mas bajo del proletariado, n donde nadie tiene esperanzas de nada y por lo tanto no vale la pena producir riqueza que otros disfrutaran.

    Comentario por aster | julio 19, 2007

  3. ES UN BAJO NIVEL ECONOMICO QUE TE LLEVA A LA MISERIA, DONDE NO TIENE CASO LA PRODUCCIÒN PARA QUE OTROS DISFRUTEN DE ELLA.

    Comentario por Anónimo | septiembre 1, 2011


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